Cada producto del catálogo llega con su procedencia declarada. No es un dato decorativo: saber de dónde viene una cepa o un tanino ayuda a comparar comportamientos entre partidas y a entender por qué dos levaduras seleccionadas con perfil parecido fermentan distinto en un mismo mosto.
La ficha indica la dosis sugerida y el rango térmico en el que el insumo se comporta de forma previsible. La levadura para vinos tintos de guarda, por ejemplo, trabaja entre 18 y 26 grados con fermentación lenta y buena tolerancia al alcohol. Ese dato cambia por completo la planificación de una vendimia.
Una levadura no fermenta sola. Nutrientes, clarificantes, taninos y ácidos de ajuste interactúan entre sí y con la cepa elegida. Anotamos qué combinaciones funcionan bien y cuáles conviene evitar, para que armar un lote por etapas del proceso no dependa de prueba y error.
Las observaciones que acompañan cada ficha provienen de elaboradores que trabajan en esas zonas y describen condiciones reales: mostos concentrados, fermentaciones detenidas, clarificaciones difíciles. No son recomendaciones universales, son referencias de contexto para leer el insumo con los pies en la bodega.
La damajuana de vidrio de 20 litros se detalla con su airlock de tres piezas y tapón perforado. El kit de embotellado se describe con corchos de granulometría media, cápsulas termocontraíbles y una guía breve de uso. El mismo estándar técnico que aplicamos a un insumo químico lo aplicamos a un recipiente o a un cierre.
El carrito permite armar lotes por etapa del proceso, guardar listas de recetas y calcular volúmenes según litros de mosto. La idea es que la información técnica de la ficha se traduzca directo en una decisión de compra, sin pasos intermedios que obliguen a rearmar los cálculos en otro lado.
Las imágenes de esta página acompañan los criterios que ordenan el catálogo: origen del insumo, dosis sugerida, rango de temperatura de trabajo y compatibilidad entre cepas. No son fotos de un lote puntual ni de un producto en stock, sino referencias visuales del tipo de material con el que se trabaja en bodega artesanal. Sirven para reconocer a simple vista un densímetro, un airlock de tres piezas o una barrica de roble antes de leer la ficha.
La levadura para tintos de guarda fermenta lento y tolera bien el alcohol, con un rango declarado entre 18 y 26 grados. En la ficha se indica también el origen de la cepa y con qué nutrientes conviene acompañarla para evitar paradas. Ese conjunto de datos es lo que permite comparar dos levaduras antes de elegir.
Nutrientes, clarificantes, taninos y ácidos de ajuste llevan la misma estructura: origen, dosis por litro de mosto y momento del proceso donde se incorporan. La damajuana de vidrio de 20 litros, con airlock de tres piezas y tapón perforado, aparece como referencia del recipiente donde se aplican esos ajustes.
Densímetros, airlocks y kits de embotellado con corchos de granulometría media y cápsulas termocontraíbles completan el recorrido. Cada uno se describe con el dato que importa en el momento de usarlo: qué mide, dónde se coloca o cómo se ajusta. Las notas de uso provienen de productores de Mendoza, San Juan y Río Negro.
El proyecto existe porque quien elabora en casa necesita algo más que un frasco y una receta suelta. Necesita saber de dónde viene la levadura, qué dosis conviene, en qué rango de temperatura trabaja y con qué otras cepas se lleva bien. Por eso cada ficha técnica del catálogo detalla origen, dosis, rango de trabajo y compatibilidad entre cepas, y las notas de uso se apoyan en lo que describen productores de Mendoza, San Juan y Río Negro sobre condiciones reales de trabajo. Ese nivel de detalle se aplica igual a un nutriente, un clarificante, un tanino, un ácido de ajuste, un densímetro, un airlock, una damajuana de vidrio, una barrica de roble o un kit de embotellado con corchos y cápsulas. La idea es simple: que la información técnica sea el estándar de trabajo y no un agregado de último momento.
No hay sellos ni certificadoras detrás de las fichas de Kopmauk Munnes. Lo que sostiene cada dato son las condiciones de trabajo que describen productores de Mendoza, San Juan y Río Negro: qué cepa usaron, con qué nutriente la acompañaron, a qué temperatura fermentaron y qué pasó cuando el mosto se detuvo antes de tiempo. Ese material es la base de las notas de uso que acompañan a cada insumo.
En cada ficha se indica de dónde viene la levadura, el clarificante o el tanino, y para qué tipo de mosto se pensó. No es un dato decorativo: define cómo se comporta la cepa en un vino de guarda frente a un fermentado de fruta.
Las cantidades se expresan por litro de mosto y el rango térmico se publica tal como lo reportan los elaboradores. La levadura para tintos de guarda, por ejemplo, trabaja entre 18 y 26 grados con fermentación lenta y buena tolerancia al alcohol.
Cuando dos levaduras se usan en el mismo lote, la ficha aclara el orden de inoculación y la nutrición sugerida. Sirve para quien arma un pie de cuba y quiere evitar que una cepa se imponga sobre la otra.
Los comentarios vienen de productores que ya trabajaron el insumo en bodega casera o en lotes chicos. Describen qué ajustaron, qué no funcionó y qué harían distinto en la próxima vendimia.
Damajuanas de vidrio de 20 litros con airlock de tres piezas, densímetros, airlocks sueltos y barricas de roble se presentan según la etapa del proceso en la que se usan, no como lista suelta.
El kit de embotellado reúne corchos de granulometría media, cápsulas termocontraíbles y una guía breve. La ficha explica cómo se colocan y qué cuidar al guardar las botellas después del cierre.